Hasta perder la razón (Cosplay)
Categorías: Terror , Distopia , Ciencia Ficción , Misterio , Body Horror
Una chica llamada Soraya esta confinada en un centro psiquiátrico. En su mente, su yo no está presente; solo repite una palabra. — Ella es hermosa y no merecía mirarla, por eso ellos me castigan mirándome, soy una persona horrible. Todo comenzó con una caja que recibió en su casa una cosplayer muy conocida. Su habitación, pequeña, está llena de figuras asiáticas y ropa de cosplay por todo el suelo. Ese paquete era importante: una máscara de Victory Riden. La vio de ocasión en uno de esos caracoles perdidos en el centro; sus colores y piedras le llamaron la atención. Abre la caja y la máscara es de hermosa factura aterciopelada y muy delicada al tacto, pero firme para su uso, casi de ensueño. Nerviosa, toma aquella máscara y comienza a buscar el atuendo de Victory Riden. Ese cosplay causará sensación. La peluca ya la tenía, el maquillaje también; solo faltaba esa máscara que extrañamente se veía muy fiel a la del superhéroe. Su madre abre la puerta de la joven, la ve vestida como siempre, con ropa sencilla y sin pintar. Para ella no estaba allí una joven de 18 años, sino una niña de cinco intentando ser mayor. — Camile, ¿has terminado el informe para la U? Recuerda que tu amiga Soraya ya me dijo que lo terminaras. Necesitan sacar esa nota para finalizar el año. Camile la mira por el rabillo del ojo mientras enciende sus luces y apunta el celular hacia su cara. Sin mirarla y con una sonrisa hacia el móvil, comienza a bailar y detiene la grabación. Mira a su madre yendo a cerrar la puerta. — Sí, mamá, ya lo hice. Estoy en medio de crear contenido y no me puedo concentrar. La madre es apartada de la puerta; ella se ríe de la situación, pero vuelve a su compostura tras la puerta. — Camile, lo único que te digo es que si Soraya no encuentra tu parte del trabajo, comenzarán una pelea, y tú sabes que el cosplay no te dejará nada para el futuro, mientras que la medicina sí. Camile hace oídos sordos y se vuelve a grabar bailando. Luego hace un corte, se viste de Victory Riden, toma la máscara, se la pone, enciende el celular y vuelve a grabar. Sigue los pasos otra vez para el montaje, toma el celular y revisa cómo quedó. Esta vez siente que las luces y el maquillaje se ven descoloridos. Abre la caja de cosméticos y escucha la voz de su amiga Soraya. — Esto no es lo que debería ser. Casi siempre deja todo de lado por sus trajes de cosplay. Si tuviese su dinero, no lo ocuparía en ello… Sé que no ha terminado su parte. ¿Le digo o no que ya perdió el ramo? ¿O me aprovecho para entregar el mío y pasar el ramo gracias a ella? Camile mira a su alrededor y no hay nada. Se retira la máscara y ve con asombro que la grabación no estaba mal. De hecho, el atuendo, la luz y el traje se veían hermosos; casi era una representación misma de aquel superhéroe. No le da importancia y comienza a editar el video para luego subirlo a las redes. Soraya llega; su voz se escucha en el pasillo. — Camile, ¿se puede entrar? Disculpa por llegar tan tarde, vamos súper atrasadas. Camile queda contrariada. Ellas tenían que salir más tarde; todavía no había terminado su parte, por eso ella grabó todo temprano para tener tiempo de hacerla. — Pero Soraya, falta mucho para las 2 de la tarde. La mujer la mira sorprendida y comienza a mirar el suelo lleno de disfraces. — Camile, son las 2:30. ¿No has terminado todavía? Camile, preocupada, abre el procesador de textos para empezar a hacer algo y ve con asombro que todo ya estaba listo. No tiene tiempo para pensar qué pasó. Imprimen el documento y salen rápidamente de la habitación. Soraya ya tenía su auto encendido. En el ordenador, Camile dejó procesando su video, pero este se demora porque dura 5 horas. Camile, ya en el auto, siente incomodidad. La voz que decía lo de que perdió el ramo la preocupa. — Soraya, dime algo… ¿Sabes si perdí el ramo? Algunos chicos me dijeron algo así. Soraya abre los ojos y no dice nada. Aprieta el acelerador para llegar pronto a la universidad. Ya en el lugar, Camile le reitera la pregunta. Soraya sonríe. — Mira, Camile, si perdiste el ramo es por ese cosplay que tú haces. Los profesores se extrañan de que una mujer como tú pierda el tiempo en eso y deje de lado los informes y el estudio…
Camile la mira con rabia y siente unas ganas inmensas de golpearla. — Muy bien, Soraya, entonces doy por sentado que me utilizas para terminar tu ramo. Bien, igualmente presentaremos el trabajo. Tiempo después, ellas esperan a las afueras de la universidad para, por fin, saber qué opinaba el profesor. Pasa poco tiempo y se encuentran con él. — Profesor, sabemos que presentamos un día después y que la calificación no será lo que deseamos, pero díganos si revisó el trabajo. El profesor ordena su ropa y abre su mochila; de allí saca el informe. Ambas sentían que venía un regaño. — Jovencitas, en mis años de docente nunca había recibido un trabajo así. El detalle con el que presentan los casos y el estudio acabado de cada tema me llamó la atención… Es un trabajo digno… Incluso informaré al consejo que Camile pueda pasar este ramo. Todo este trabajo no se puede perder por pequeñas faltas. Ambas quedan felices, pero luego, caminando al auto, Camile mira a Soraya con cierta rabia y añade: — No vuelvas a desear lo mío. Mis trajes no los compra mi madre; tengo patrones que me entregan aportes para que siga en ello. No quiero volver a repetirlo, Soraya. Soraya está confundida, ya que eso es lo que venía pensando antes de llegar a la casa de Camile. Luego Soraya mira el rostro de Camile y ve con sorpresa que parecía un villano de anime: hermoso pero tenebroso. Luego Camile sonríe de manera poco real, como en sus videos, y la invita a subir al auto. — Vamos, Soraya, no quiero llegar tarde a mi casa. Yo conduzco, tengo mucho que hacer este verano y no pienso perder este tiempo. Camile conduce como una desenfrenada, pasándose algunas luces rojas y mirando la hora. Soraya no puede creer lo rápido que puede ir su auto de los 80, pero es una realidad. Se agarra de la manija de la puerta y en un momento llegan a la casa de Camile. Soraya se iba a despedir de ella cuando, con horror, ve que todas las personas de la calle la miran. Camile la mira preocupada. — ¿Qué pasa, Soraya? Te fuiste por un rato… ¿Estás tomando de nuevo pastillas? ¿Por qué me miras tan fijo? Si ya hablamos y todo pasó, amiga… Soraya baja del auto y en ningún momento le quita la mirada. Sube al auto, mira lentamente hacia el frente y toma el volante. No arranca el auto, solo se queda ahí sin cerrar los ojos. Luego solo dice: — Eres la cosplayer más hermosa y profesional de la industria. Yo debería ser linda como tú y solo soy basura traidora… Sigue siendo linda, te lo mereces… Camile queda contrariada, mientras que Soraya arranca su auto con dirección desconocida, ya que su casa quedaba cerca de la suya, pero adonde iba no era. No le da importancia y entra en su hogar. Su madre ve la tele absorta en ello y observa la comida recién servida. Su hermano pequeño acaba de llegar del colegio, ya que está sentado en la mesa sin hablar, comiendo lentamente su tardía comida. El ambiente es incómodo; las luces aún no las enciende y tanto el rostro de su madre como el comedor están iluminados con el televisor y las noticias de muertes y delincuencia. Sin tomar en cuenta aquello, toma su plato y, como siempre, va a su habitación. Al entrar, ve que su ropa y joyería están guardadas como ella soñó; incluso hay una cómoda nueva para ello. De pronto aparece su madre en la puerta, igual a un fantasma. — Querida hija, espero que tus prendas estén como te gustan. No quise nunca molestarte. Eres una hermosa cosplayer y te mereces todo lo que tienes. — Sí, hermanita, sabemos que nunca llegaremos a ser como tú, pero lo intentaremos. Camile ahora está asustada; su familia no era así. Ambos se van en silencio sin pestañear, como robots. Ella los sigue, llega hasta el comedor y vuelven a sus maneras normales: el hermano enciende la luz y su madre comienza a limpiar el suelo como todas las noches. Camile se tranquiliza. Su madre la mira y le dice: — Camile, ordena de una vez tu habitación, no te lo voy a repetir. Camile, tranquila, vuelve a su habitación y ve con extrañeza que su video acaba de terminar de procesarse por completo. Intrigada, ve que son cinco horas. Lo reproduce en velocidad alta y se ven las dos tomas para montar; luego ella queda mirando la cámara todo el tiempo. Algo no estaba bien. Luego ve cómo hizo su trabajo y todo sin quitarse la máscara. En los últimos momentos del video, ella vuelve a mirar la cámara. Camile mira con atención el video. De la nada aparecen personas detrás de ella, incluso su familia, mientras en el video ella se quita la máscara, viéndose hermosa como Victory Riden. Siente que su imagen la atraviesa por completo, y dice: — Mira detrás de ti, Camile… Ahora habrá tiempo para que todos nos admiren para siempre… En el video sonríe y se ve hermosa, algo que no puede sacar de su mente mientras muchos entran en su habitación para admirarla. De fondo, en las noticias, dicen que muchas personas habían entrado en una especie de trance por un video de la conocida cosplayer Camile, volviendo a la normalidad por momentos hasta perderse por completo, y que se recomienda no mirarlo para no perder la razón.